Radiación móvil

El primer teléfono móvil de la historia se comercializó allá por el año 1984. Era el Motorola DynaTac y, desde un punto de vista más actual, se parecía más a un ladrillo que un smartphone actual. Ha llovido mucho desde ese año, y pese a que entonces estaba limitado a unos cuantos privilegiados, actualmente casi todo el mundo tiene uno.

En esta ocasión venimos a hablar sobre la radiación que generan los móviles. Dicho así suena bastante grave. De hecho, sí lo es desde un punto de vista científico. Sin embargo, no existen estudios totalmente seguros de que el uso del teléfono móvil pueda provocar, por ejemplo, cáncer. Si bien se cuestiona la posibilidad de llegar provocar cáncer u otros efectos nocivos en nuestra salud, no hay nada seguro confirmado por estudios empíricos.

Aun así, no podemos pasar por alto esta posibilidad. Teniendo en cuenta que actualmente la mayoría tiene un móvil y es casi imposible librarse de él, en esta ocasión os traemos una serie de tips que te ayudarán a reducir la exposición de estas radiaciones que emite tu móvil. Será cuestión de cambiar algunos hábitos diarios, ya que no vamos a proponer cosas imposibles de conseguir como ‘’no uses tu móvil’’ o ‘’apágalo cuando no lo vayas a utilizar’’.

Aléjate lo máximo posible

Uno de los consejos aplicables en muchos momentos diarios. No te estamos diciendo que dejes de lado tu fiel compañero. En ocasiones como las llamadas telefónicas, en el que el teléfono está en contacto con la cabeza, la distancia será menor y los efectos más directos. Se recomienda utilizar el altavoz (si estás en un lugar en el que te permita utilizarlo), o bien auriculares. Esta norma se aplica también para cuando te vayas a dormir. No es recomendable dejarlo debajo de la almohada ya que, como acabamos de decir, debemos evitar un contacto demasiado directo con el cerebro.

En resumidas cuentas, siempre que puedas dejar de lado o guardar el teléfono a una distancia segura y no tan directa con tu cuerpo, hazlo.

Intenta escribir

Unido al tip anterior, se recomienda escribir mensajes (si puede ser SMS, mejor) en vez de hablar por teléfono. Esta será la excusa perfecta para cuando no quieras cogerle el teléfono a alguien: ‘’te estoy salvando la vida no cogiéndote el teléfono, que lo sepas’’.

Entiende a tu teléfono

Sí, debes entender a tu teléfono. Si bien es inteligente, muchas veces el uso de dicha inteligencia hace que tenga que emitir radiación de diferentes niveles según las condiciones del ambiente. Si la cobertura es baja, tendrá que pensar más y emitirá mayor señal (y, por tanto, también consumirá más batería).  Si está en un lugar cerrado o en algún vehículo, emitirá más radiación. Y un largo etcétera. Cada teléfono es un mundo y debes, al menos saber, cuándo es recomendable utilizar el teléfono y cuándo es mejor esperar un poco.

Busca el índice SAR de radiación de tu móvil

La tasa de SAR es la que mide la potencia de la radiofrecuencia absorbida por el tejido vivo. Todos los móviles tienen su índice, y siempre es recomendable elegir uno de bajas frecuencias. Sin embargo, a veces este modelo no coincide con el que queremos. En ese caso, este consejo solo será para las personas que convivan con niños o que tengan contacto con mujeres embarazadas, ya que son las más afectadas en estos casos.

Utiliza el fijo de tu casa

Este consejo es fácil. No solo te ahorrarás un poco de saldo, sino que podrás llamar sin preocupaciones ya que el fijo (de cable, obviamente) es mucho más seguro. Tienes que tener en cuenta que todo lo inalámbrico (bluetooth, datos, wi-fi, el fijo inalámbrico, etc…) es perjudicial.

Estos son algunos consejos para que, a largo plazo, podáis disminuir los efectos nocivos de tener el móvil todos los días a todas horas. En Internet encontraréis más. Solo pusimos estos ya que, bajo nuestro punto de vista, son hábitos que sí que se pueden cambiar.

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